Entrevista a Rhys “Spider” Webb, bajista de The Horrors

Publicada en la revista Ruta66 nº 285

Encumbrados por cierto tipo de prensa mucho antes de tener entre sus manos trabajo alguno que acreditara tales aspavientos, The Horrors tuvieron desde el principio que combatir la fácil etiqueta de hype tratando de demostrar que eran más que la última moda de una industria ávida de productos de usar y tirar. Si lo consiguieron o no queda al arbitrio del astuto lector; este año estrenan su tercer trabajo, Skying, y no parece irles nada mal.

Charlamos con el bajista Rhys “Spider” Webb durante una espesa y calurosa sobremesa madrileña. “Lo fantástico de estar de promoción es que me permite ir a muchos países y probar su deliciosa comida y bebida”, comenta con una sonrisa entre ingenua, infantil y cómplice. Es el claro reflejo de su formación: niños juguetones que manejan con mano de hierro una lucrativa empresa.

Supongo que una de las preguntas recurrentes habrá sido acerca de vuestro enésimo cambio de estilo.

Todo lo que hacemos ocurre de forma muy natural. Lo que hacemos en este disco tiene que ver con la idea de explorar el espacio desde una perspectiva más delicada, menos intensa, pero con fuerza, puede que menos agresiva, pero más emotiva… Creemos que la música ha de hacerte sentir algo, debería poder transportarte a otro mundo. Trasladar al oyente lejos del mundo diario en el que está viviendo, a un lugar mucho más… mágico. Un espacio onírico. O puede que sea simplemente un viaje (Risas).

¿Qué piensas al mirar a vuestro primer disco, te reconoces en aquello?

Sí, desde luego. Veo a un grupo realmente entusiasta con un deseo, una necesidad de interpretar pura y auténtica música punk. Queríamos hacer algo diferente; en ningún momento quisimos sonar como un grupo de los sesenta o los setenta, pero queríamos tomar de alguna manera aquel “poder crudo” llevándolo más allá. Para ser punk rocker no necesitas vestir chupa de cuero, ser ruidoso, escupir ni blasfemar. Alguna de la mejor música punk que se ha compuesto ha surgido después de las primeras ideas: Public Image Ltd., el after-punk, Heartbreakers o New York Dolls; todo se convirtió en mucho más experimental, el funk y el hip-hop, la música electrónica, pero todavía estamos hablando de música punk. Como músicos tratamos de ir aprendiendo la manera en la que queremos sonar, cómo queremos vivir… y eso, en este momento, es lo más punk que te vas a encontrar. De hecho, la gente que se disfraza, que se pone chupas de cuero y crestas, probablemente están lo más lejos posible de la idea original del punk.

Así que estáis felices con vuestro pasado.

Sí, por supuesto. Sólo me arrepiento de las cosas que nunca hemos hecho. Además, nosotros hacemos la música que nos hace felices a nosotros (Risas). Creo que lo que importa es que tú sigas pensando que lo que haces está bien, no en el sentido de que es lo correcto, sino en el de que te hace feliz. Es algo que puede parecer un poco egoísta, tal vez, no lo sé.

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¿Por eso os habéis decantado por la autoproducción?

Sí, no creo que necesitemos a nadie de fuera para dirigirnos en ningún sentido. El proceso creativo es algo muy importante para nosotros: captar el espíritu de la música que interpretamos e incluso cómo distorsionamos las cosas, cómo la guitarra de repente no suena como una guitarra… Es más importante para nosotros hacerlo así que permitir a alguien interferir o distorsionar la idea del grupo.

¿Cómo compagináis ese deseo de control con los nuevos tiempos e Internet?

Es sencillo: si la gente puede obtener algo gratis, lo hará. De todas formas, creo que se ha perdido la noción física del disfrute de la música: entrar en una tienda de discos, rebuscar en el cajón, encontrarlo, tenerlo en mano, abrirlo, extraer el librillo, examinar el diseño, mirarlo, sopesarlo, ¡olerlo! Es algo extraordinario, tan físico, algo completamente evocador. Por otro lado, cuando uno piensa en la importancia de discos como “Never Mind The Bollocks” de los Sex Pistols, que es atemporal, infinito, pero lo ves en la pantalla del ordenador y, bueno, es exactamente igual que Alanis Morrisette o the Artic Monkeys o quien sea… todos parecen iguales, se pierde la identidad intrínseca de cada movimiento… bueno, resumiendo, no nos gusta mucho este rollo. Pero por otro lado tenemos la idea de la comunicación, que puede ayudarte a entrar en la modernidad pero al mismo tiempo puede quitarte lo que realmente importa.

Esa modernidad de la que hablas ¿incluye el empleo de las redes sociales?

No usamos Twitter. No soporto la idea de gente “twitteando”. Es algo absurdo, ¿cómo se diría en español, “pío-pío”?

Usamos “tuitear”, “pío-pío” o “piar” resultarían demasiado ridículas.

Es también ridículo en inglés, preferiría emplear “pío-pío”. Que no me gusta, vaya [Risas]. De todas formas, ahora mismo ni siquiera tenemos control sobre nuestro Facebook, así que estamos un poco perdidos de todo esto. La comunicación ha de ser algo físico; cuando nos encontramos con fans de todo el mundo, año tras año, hablamos de música, de las cosas que vamos haciendo… es muy importante. Bueno, no sé. Tal vez debería hacer “pío-pío” más a menudo en el futuro.


Texto: Almudena Eced

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