Entrevista a Joe Bonamassa

Entrevista publicada en la revista Ruta66 nº 290

Joe Bonamassa es, por derecho propio, uno de los grandes de la guitarra. Casi todo el mundo ha oído hablar de ese niño que saltó a la fama por tocar con B. B. King antes de que le saliera el bozo, de uno de los compositores más prolíficos con más de una docena de álbumes publicados, tanto con su grupo de adolescencia, los Bloodline, como en solitario, del guitarrista con dos décadas de oficio al cumplir la treintena… Cosa muy distinta es hablar con mr. Bonamassa, un hombre no se sabe si reservado o tímido que rehuye toda conversación no convencional en pro de una retahíla de respuestas tópicas, finalizadas con un «creo que esto responde a tu pregunta». Pese a ello, acaba surgiendo algo de información acerca de su nuevo disco, el aclamado Dust Bowl, aunque sea la confesión de que su proverbial prodigalidad se debe en parte al insaciable apetito de la prensa: «Para las giras es necesaria música fresca, así que sacamos un disco nuevo cada 12 o 16 meses y así los periodistas tienen algo de qué hablar». Hablemos, pues.

 

Nueve discos con su propio sello, J&R ADventures… ¿qué ventajas encuentra frente a trabajar para otros?

Es fantástico hacerlo en mi propio sello. Me permite la libertad creativa necesaria para sacar adelante el tipo de disco que yo quiera. Los sellos importantes siempre se preocupan por el dinero en lugar de por la música; con mi propio sello, ¡puedo concentrarme en la música y mis fans!

Kevin Shirley ha sido su productor otra vez. ¿Qué aporta a su música?

Una perspectiva distinta, que es lo que necesitas cuando  grabas un disco o haces cualquier otra cosa. No puedes juzgarte, no puedes calibrar exactamente lo que tú mismo estás haciendo, así que necesitas a alguien que aporte otro punto de vista que nunca tendrías de otra manera, alguien que mire tu arte con otros ojos.  Kevin siempre me empuja a ser mejor y a tocar mejor. Posee un gran oído para la música y el sonido y sabe lo que tiene que hacer para extrae la mejor música de mí.

También han estado juntos en la elaboración del disco de Black Country Communion… ¿hubo alguna diferencia en su trabajo con usted en solitario que con este supergrupo?

Kevin es como el quinto miembro de BCC. Estuvo muy involucrado en todo el proceso musical y de grabación y también resultó una voz neutral en las vaciladas en el local por los diferentes gustos musicales de cada uno de nosotros. En cuanto a mí, cuando me dispongo a grabar un disco, paso unas cuantas semanas escribiendo concretamente para ese álbum. Necesito estar en algún lugar donde pueda concentrarme en serio, pero en BCC Glenn Hughes escribe la mayor parte de las canciones. Sé que lo hace de manera constante y además siempre tiene ideas para temas en la punta de la lengua.

Black Rock era mucho más Hard Rock, mientras este nuevo trabajo parece haber recibido influencias más Country o Folk ¿por qué se ha producido así?

Adoro todo tipo de música y la clase de blues que interpreto depende de en qué momento de mi vida me hallo. No quiero publicar el mismo tipo de disco dos veces, porque la gente termina por aburrirse y perder la inspiración. ¡Y yo también!

Muchas versiones de nuevo en este disco. ¿Cómo se deciden?

Kevin Shirley y yo decidimos qué versiones hacer. Intentamos encontrar canciones que puede que no sean tan conocidas y añadirles mi toque. Desde luego, he realizado versiones de muchos autores diferentes. Creo que fundamentalmente se trata de canciones que nunca asociarías al estilo de música que nosotros hacemos. Es muy divertido.

De  nuevo grabó parte del disco en los Estudios Black Rock en Santorini, Grecia, el mismo lugar donde hizo Black Rock. ¿Por qué tan lejos? ¿Y por qué no todo en el mismo lugar?

Grabé la mitad de Dust Bowl en los Estudios Black Rock. En primer lugar Black Rock era un sitio estupendo al que marcharse a escribir y grabar sin distracción alguna. Pero cuando fui allí estaba tan cansado tras un año entero de gira en solitario y con BCC que no podía concentrarme. A veces necesitas cambiar de sitio para encontrar inspiración para la composición.

A mediados de este año pasado se publicaba Don’t Explain, su proyecto junto a Beth Hart. ¿Cómo  llegó a realizarse?

Beth posee una voz maravillosa llena de Soul. Sabía que quería trabajar con ella de alguna manera. Un día estaba escuchando en mi iTunes algunas versiones antiguas y pensé que Beth sería la persona perfecta con la que grabar un disco de versiones de Soul y R&B. También se ha unido a mí a menudo en los escenarios.

Mirando a sus comienzos, ¿cómo se siente al recordar aquella actuación con B. B. King a los doce años?

Fue fantástico, una experiencia increíble. Han pasado ya más de veinte años, y después me han ocurrido muchas cosas, pero evidentemente fue algo crucial en mi carrera, que me ayudó mucho también personalmente. No podía darme cuenta exactamente de la extraordinaria importancia de ese momento, pero sí que sabía que tocar con él era algo grande. Tampoco podía entonces darme cuenta de la proyección que aquello tendría, de las cosas que me doy cuenta ahora, básicamente porque soy mucho más viejo.


Almudena Eced

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