ICÓNICO – Haircut and attitude

[Publicado en la revista Playlist #1 de la editorial Mediazines – Enero 2015]

La actitud. Ese Santo Grial tan difícilmente alcanzable, que diferencia al patán del artista, al gentleman del hortera, al intelectual del recitador de la Wikipedia. Muy difícil de alcanzar, imposible de describir, marca con su impronta, en una especie de selección natural, a los Auténticos. Tras ellos toda una estela de imitadores, deseosos de, aunque sea a rebufo, alcanzar parte de la gloria.

NASA's Chandra Finds Massive Black Holes Common in Early Universe: A composite image combines the deepest X-ray image ever taken with optical and infrared data from Hubble.

¿Cómo poseer actitud? Se trata de algo innato. Hay que creérselo. Hay que serlo. Hay que vivirlo. Porque caminar día a día por la finísima línea que lo separa de la vulgaridad no es algo sencillo, ni todos están naturalmente preparados para ello. Para aquellos dispuestos a dar ese paso, pero desconocedores del camino a seguir, llega esta sección; Icónico. Porque no siempre resulta claro cómo demostrar el estilo independiente y el ansia de libertad creativa que se presuponen en alguien auténtico.

En el artículo de hoy nos dirigimos especialmente al lector masculino. Un joven preparado, culto y, sobre todo, y frente a la rebeldía brusca, estéticamente violenta y ruidosa de antaño, elegante. Precisemos: la elegancia, puede que ya desde George Bryan Brummell, no se logra exhibiendo una economía más o menos boyante, aunque desde luego esto ayuda, sino desde el carisma. Una personalidad sobresaliente encuentra su reflejo en un determinado aspecto, y es este aspecto precisamente el que permitirá al protagonista de Icónico diferenciarse claramente. Hemos de olvidar esa relajación, esa dejadez que caracterizó a las anteriores generaciones: el joven actual brilla con luz propia.

Es en la búsqueda de este carisma en la que la elección de un modelo a seguir marca la diferencia. No basta con reproducir la elegancia sin más, es necesario apropiarse de ella. Para esto se reinterpreta, se retuerce, se la libera de su significado anterior. Ni siquiera será necesario darle uno nuevo. La era de los prejuicios pasó, ¿es acaso necesario justificar lo que se es? O, en este caso, lo que se aspira a ser.

Este nuevo joven caballero recurre pues a unos referentes estéticos propios: en la era de Internet la inmediatez es un grado y a la hora de adoptar el look de aquellos que hicieron suspirar a madres, tías y abuelas, con sus cabellos brillantes y sus impecables afeitados, se acude a iconos propios. ¿Clark Gable? ¿Robert Ryan? ¿Ernest Borgnine? ¿Quién se acuerda de ellos? Desde Ryan Gosling, pasando por Jake Gyllenhaal o el mismísimo Johnny Depp (aunque quizás haya pasado a ser reliquia en el momento de publicarse estas líneas), existen en el actual Olimpo bastantes nombres en los que encontrar espejo y reflejo, a los que recurrir en busca de ayuda cuando la inspiración desaparece.

Este aspecto pulcro y desprejuiciado no es producto del azar. Ciertas peluquerías especializadas comienzan a surtir de la imaginería adecuada, pero hay que permanecer bien atentos para no caer en las manos de un charlatán: para entendernos, un auténtico Contour no es un “chafado hacia atrás”, y un extremo Jelly Roll es incompatible con una tupida barba de leñador.  Detalles ambos de chapucería e ignorancia que señalan al diletante: si vas a hacerlo, hazlo bien. El peluquero de la esquina, ese amable anciano que se encarga de pelar por dos duros a los niños del barrio para la fiesta local, no es el más indicado para apreciar los matices de la estética perseguida. Este es otro de los grandes retos: encontrar a los auténticos especialistas, aquellos que emplean jabones de la casa Sasquatch o pomada Royal Crown; nada de materiales a granel o vulgares fijadores de supermercado.

Puede que a algunos les resulte excesivamente retro este acercamiento capilar. Aquellos que necesiten añadir una pizca de mayor rudeza o exhibición de virilidad siempre pueden acudir a la barba. La de dos días, la socorrida mosca o la perilla puntiaguda son acomplejadas maneras de abordar algo que no está al alcance de cualquiera: una auténtica barba, poblada, cuidada, es una barba con entidad propia, con carácter. Eso sí, nada de puntas abiertas, de rizos desbocados o crecimiento sin control. La barba ha de ser mimada con aún más esmero que el cabello de encima de la cabeza. Aunque aquí de nuevo entramos en el proceloso universo de la diletancia: no se puede permitir a un aficionado cualquiera acercarse a este nuevo apéndice, ni podemos nutrirlo o lustrarlo con productos de gama baja. Son estos detalles los que señalan al recién llegado, al mero aspirante imita estampas.

Nadie dijo que fuera sencillo. Precisamente esa actitud de haberlo logrado sin esfuerzo que tanto atrae es una de las características que más esfuerzo cuesta lograr: “ser natural es la más difícil de las poses”, afirmaba otro gran Icónico, Oscar Wilde. Eso sí, una vez obtenido el aspecto impecablemente pulcro que se buscaba, todo lo demás viene prácticamente rodado (y será objeto de otro Icónico). Adelante, pues, y ánimo, a todos aquellos que hayan decidido firmemente seguir este camino.

Por supuesto, todo lo hasta aquí descrito será válido siempre y cuando la alopecia no haya hecho su aparición. En este caso, estamos entrando en otro episodio de la vida, en el que es presumible que todo lo anterior carezca de sentido. Al menos, es lo que deseamos desde Icónico.

Almudena Eced

@_Maixta_

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