ESCUCHANDO FOTOS – Crossroads – I Sold My Soul To The Devil

[Publicado en la revista Nevermind #3 de la editorial Mediazines – Marzo 2015]

La fotografía no es sólo testigo de hechos y momentos únicos: también sirve como leña que alimenta el fuego de todo tipo de fantasías y especulaciones. Con la excusa de la supuesta fidelidad de la cámara a la “verdad”, como si la voluntad del fotógrafo al elegir un método u otro, los errores técnicos o la mera casualidad no intervinieran en la plasmación de la imagen, apofenias, pareidolias o meras sincronicidades (extraordinariamente comunes en nuestra profesión) son esgrimidas como pruebas irrefutables de los desvaríos más ilusorios.

Aquí hay unos elementos objetivos: un hombre trajeado sonríe a cámara mientras parece tañer una guitarra que apoya sobre sus piernas cruzadas. Ahora viene la interpretación. La sonrisa parece forzada, ¿tal vez refleje miedo? La posición de sus dedos es tensa, al igual que la de sus piernas. Por último, la composición de la imagen es extraña, con el músico descentrado, dejando un gran espacio vacío a su izquierda. Un espacio que parece ocupado por una mancha en el negativo o una nube de humo. O, ¿tal vez el Diablo?

Porque no estamos tratando de la imagen de cualquier joven músico de los años 30 del pasado siglo. Se trata de Robert Leroy Johnson, el Rey del Blues del Delta, receptor del testigo de la gran leyenda demoníaca. Todas las señales apuntan a ello: un joven díscolo desaparece y regresa convertido en un innovador maestro de su instrumento. Las referencias a Satán abundan en su escasa (29 temas) discografía. Es esquivo y misterioso y arrastra consigo un aura de tristeza y autodestrucción que, para más inri, resulta un irresistible imán para las féminas. ¿Qué más hay que saber para achacar todas estas señales a la intervención del Maligno?

Al misterio de su vida y su temprana muerte, alimentado por la escasez de datos consistentes, hay que sumar el de esta imagen. Porque son tres (o sólo dos, según algunos escépticos) las únicas fotografías que nos han quedado para retratar la leyenda. Una leyenda que ni tan siquiera le pertenece en exclusiva, pues parece ser que otros como Tommy Johnson, según crónicas de la época aún más salvaje y rockero (si puede emplearse tal término antes del advenimiento del Rock and Roll), protagonizaron o promovieron también la leyenda de la venta de su alma a cambio de la habilidad de conmover a través de su guitarra. Qué más da, es la historia que surge con el paso del tiempo la que otorga relevancia al efímero recuerdo de un clic.

080811 The Ghost Face_peq

Las creencias religiosas de todo tipo han tenido con la música una extraña relación de amor-odio. Por un lado, su capacidad de comunicar sin palabras y, al tiempo, de alienar, la convierte en la herramienta de proselitismo perfecta. Pero por el otro, su poder para apelar a las emociones más profundas puede incitar a la rebeldía o a la sensualidad, dos formas de liberación que cualquier estructura de poder que pretenda ordenar la existencia conforme a parámetros difícilmente demostrables va a rechazar por cuanto socaban su endeble estructura. Pertenecen a lo prohibido, al mal. Al Diablo. Esa figura que representa lo extraño, lo otro, lo que se sale de la norma. El diablo, Luzbel, el predilecto de Dios, se rebela contra su autoridad y es expulsado. La pesadilla del padre o la madre: que su hijo, su criatura, el producto de sus entrañas y sus desvelos, se revuelva, rechace su autoridad. Se independice.

Por tanto, la música ha de seguir unas normas. Las que harán que el hijo pródigo regrese al hogar con lágrimas en los ojos. Se prohibirá todo aquello que le haga pensar por sí mismo fuera de los cauces establecidos. Que le haga bailar, amar, extasiarse o, sencillamente, vivir una vida que merezca la pena. Podrá divertirse, sí, pero juiciosamente. De la misma manera que lo hicieron sus padres y los padres de sus padres, de manera probadamente inocua. Ay si busca una forma de expresión diferente y propia, si desea escapar de los rígidos márgenes de lo normativo: es evidente que el Mal habita ahí. En el baile, el desenfreno. En la pasión pura.

La leyenda del músico maldito, como se ve, no es nada original. Desde la antigüedad, esa capacidad subversiva de la interpretación musical ha sido leída en clave satánica. Nombres como los de Tartini, Paganini o Mozart forman ya parte del folklore popular, pasando las leyendas acerca de sus tratos con el Maligno a convertirse en lugares comunes. No es de extrañar, entonces, que la aparición de un género, el Blues, con capacidad de aliviar la carga de los trabajadores negros y de incitarlos al sexo y a la juerga en lugar de a la ordenada vida de la congregación religiosa, despertase recelos entre la población bienpensante. Y cuando este género demostró su capacidad de “corromper” a la población adolescente blanca, se hizo evidente que  el Diablo había metido sus pezuñas en el asunto.

Más adelante se trató de “domesticar” este engendro del Mal aportándole una visión de clase media blanca de zona residencial, con el desastroso resultado (para las fuerzas del orden) que todos conocemos, pues dio origen al Rock and Roll. El Diablo anduvo muy ocupado, sin duda, a partir de entonces.

Pero de su influencia en las siguientes generaciones hablaremos en otra ocasión. Hoy nos quedamos con la forzada mueca del joven músico que posaba pacientemente ante la cámara de un fotógrafo probablemente cansado y con pocas ganas de trabajar que no creyó necesario centrar al protagonista de su imagen y que no tuvo el suficiente cuidado como para proteger el negativo de las manchas de humedad. Sin saber que su cansancio o desidia ayudaría a gestar una leyenda. Clic.

Almudena Eced

@_Maixta_

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s